martes, 26 de octubre de 2010

¡Una Odisea de Fotografía!

5:10 p.m.: Repiquetea mi celular. Del otro lado del teléfono un compañero anuncia que está próximo a pasar por mi para recoger a las modelos. Sorprendido, levanto mis chécheres. Vaya faena, estaban desparramados en el mesanin. Afanado corro a la portería de la universidad. Era momento de comenzar con el proyecto final.
5:20 p.m.: Azuzados por nuestra otra compañera emprendemos el camino. Nos dirigimos al centro, allí nos aguarda la Dany. Tantos apuros por una sesión de fotografía. Y entonces, el tráfico, interminable marea de vehículos. Realmente tiene que apasionarme Arte y Ciudad para pasar tantos trabajos…
5:45 p.m.: La insistencia de Camila, raya con el acoso. Y seguimos atrapados, el tráfico no avanza. A ratos me pregunto si el problema no sería solucionado si algunos de nuestros gobernantes no pasaran tanto tiempo asaltando las reservas de la FLA (Fábrica de Licores de Antioquia), y sí cumpliendo con sus funciones.
6:00 p.m.: Sorteado aquel obstáculo, nos hallamos en el centro. Parece que pronto nos reuniremos con las travestis. ¿Para qué? se preguntarán. Habíamos acordado nos ayudarían con nuestra asignación. Encontrar la ruta no resulta fácil. Todavía me falta conocer mejor el corazón de la ciudad.
6:30 p.m.: Llamamos a la Dany, no sabemos cómo llegar. Tocó pedir instrucciones a alguien más. Se nota que ninguno de los dos es muy docto en eso de andar el centro. Y entonces otro revés. ¿Cómo fuimos a dar con un policía oriundo de tierras lejanas? Buscando la dirección acabamos en San Juan. Terminamos más perdidos que al principio. Y de regreso al Parque Bolívar ¡Lo peor, ya vamos tarde!
6:45 p.m.: Mí compañero debió partir a la EAFIT. Eso decidimos cuando me dijo que tenía una exposición. Estoy allí, solo en el centro. Era menester esperar a mi guía, un hombre vestido de mujer. La Dany le había enviado a recogerme. Tras reunirnos tomaríamos un taxi a la universidad. Pero primero debía llegar a su hogar, la residencia.
6:50 p.m.: Me interno en el centro, en dirección a la residencia. El ambiente comienza a tensionarse.  Entre gañanes, viciosos y meretrices, solo me acompaña una persona trans. Tuve en ese momento una revelación. Las imágenes de miseria, prostitución, delincuencia, drogadicción impactaron contra mí, como un avión cargado de extremistas islámicos ¿Cómo en mis dos años y medio de habitar en "la mejor esquina de Suramérica" no me había percatado de esa realidad? ¿¡Acaso el gobierno es tan ajeno a esto como yo solía serlo!?
7:00 p.m.: Ya en la residencia, aguardo a que terminen de arreglarse. Finalmente me reuní con la Dany. La residencia resulta bastante humilde. Una inquilina me interroga sobre la sesión de fotografía. En ese tipo de momentos es cuando aprecio las cosas que tengo, esas personas disfrutan de sus vidas pese a la adversidad de la situación, llaman hogar a una minúscula residencia donde los cuartos son más pequeños que el closet de algunos ostentosos magnates de nuestro país. Definitivamente la desigualdad está más patente que nunca.
7:10 p.m.: Salgo a tomar un taxi que nos lleve a EAFIT. La congestión de vehículos en Estación Parque Berrio es anonadante. La Dany parece dueña del lugar. Atraviesa la calle, haciendo parar los carros. Paramos un taxi, evitando buses y carros a quienes parecemos no importarles. ¡Vaya imagen tres travestis del centro y un gay del Poblado, juntos!
7:15 p.m.: Recorro en el taxi sectores deprimidos de la ciudad. Cuantos cabarets y antros de mala muerte. Duele ver tantas mujeres y niñas obligadas a enajenar sus cuerpos. Todo por un mendrugo de pan. ¿De qué sirve el fallo de la Corte Constitucional, si el Estado las abandona?
7:25 p.m.: Llego finalmente a la universidad. El portero confundido por mis escoltas me pide explicación. Impresionante lo fácil que entramos. La Dany, tan arrolladora como siempre, se hace notar. Cuantas caras de pasmo y  desconcierto. Tantas reacciones, desde diversión, hasta desagrado y temor. Y nos toca ir hasta el bloque 27, bueno “que hable bien o que hablen mal, ¡pero que hablen!”.
7:30 p.m.: Comenzamos la sesión de fotografía. Nuestras modelos parecen disfrutarlo. El resultado será polémico. ¿Vírgenes encarnadas por travestis? Y por qué no, finalmente las travestis también pueden ser puras y castas. Sé que será polémico, pero que más da. Llevo cuatro semestres en mí alma mater y ya me caracterizan mis excentricidades y locuras.
7:45 p.m.: Fue difícil lograr que Simón posara junto a la Dany. Un niño en la sesión todo un logro. Las fotos tendrán su divino niño. Es menesteroso demostrar que un trans puede ser afable y maternal. Camilo el fotógrafo hace una esplendorosa labor con su cámara.
8:20 p.m.: Terminadas las fotos, ultimo detalles con la Dany. Las acompaño a tomar un taxi a la residencia. Entrando de nuevo el portero me pregunta si “¿eran de verdad? Parece que conseguí más de lo esperado. Me costó un ojo de la cara, pero lo valió. Mis compañeros y yo, congregados, damos la labor por terminada. Doy un último suspiro producto del sentimiento que genera el deber bien cumplido.

viernes, 22 de octubre de 2010

¿Quien dijo Kitsch?

En las largas jornadas en las que me he aventurado a recorrer avenidas, callejones, pasadizos comerciales y calles, situadas todas en ese punto neurálgico, de esta nuestra tacita de plata, no he podido ser ajeno a todas esas vitrinas atiborradas de enseres y utensilios aparentemente inútiles, a esos puestos improvisados que compiten con los peatones para hacerse por un sitio en las sobrepobladas aceras de corazón del Aburrá, en fin todos aquellos comercios y bazares que adornan el centro de nuestra ciudad con un despliegue de sensaciones que lleva casi a la sobrecarga sensorial del inexperto aventurero.
Y es que siempre que me veo a mi mismo sumergido en esa marea de transeúntes que inundan la zona céntrica, no puedo evitar el ser arrastrado a fisgonear cada uno de esos locales y mercados; detallando y analizando con el afán producto de una curiosidad casi pueril cada objeto y producto allí expuesto. Pero cómo no hacerlo, si cada uno de esos chécheres  y baratijas son ejemplos clarísimos de cómo vivimos en una sociedad de consumo que busca ofrecer al cliente potencial aquellas cosas que no necesita, pero que aun así anhela consumir sólo por hacerlo.
Pero que le vamos a hacer, nuestra época es la del consumismo, donde la industrialización ha llevado a un mundo en donde antes que crear se busque producir, donde ya no se hacen menesterosas las personas dedicadas al oficio artesanal, sino, una simple máquina, un autómata sumiso que elabora artículos uno tras otro, a quien le basta pedir a cambio ser engrasado y limpiado esporádicamente. Eso no es malo a mí parecer, la mecanización de procesos ha permitido que aquellos que antes tenían que trabajar hasta el agotamiento, ganándose el pan con sudor, sangre y lágrimas, ahora tengan un horario definido y puedan dedicar parte de sus rutinas al ocio.
 Lo mejor es que con tanto ocioso regado por el mundo, el propio sistema tuvo que ofrecerle algo en que pudiera matar el tiempo, ¿y qué mejor opción para palear el aburrimiento que consumir? Y aquí es donde la cosa se pone más interesante, con toda una nueva masa de consumidores, el mercado tuvo que reaccionar a las demandas del mismo, objetos que emularan ser refinados y elegantes, pero que pudieran ser comprados con el ridículamente bajo sueldo del proletariado.
Señores y señoras, aquí es donde aparece el Kitsch, del que un artista de la república castrense dijo, “[…] esas formas, agresivas, chirriantes, irremisiblemente "malas". Dentro de su pobreza intrínseca –por sí mismos no tienen prestigio plástico alguno, son "formas malas"- dichos elementos son de una variedad extraordinaria.” (Flavio Garciandía).
¿Qué es entonces el Kitsch? Pues bueno muy a pesar de esa autodesignada élite artística, es el arte de las masas, permeado por el afán del nuevo consumidor y el espíritu del progreso industrial. El término se lo debemos a nuestros amigos germanos, quienes le dieron su significación actual de "realización de una cosa de manera apresurada y descuidada" en algún momento del siglo XIX. No puedo evitar que se me venga a la cabeza una expresión alemana, verkitschen, que vendría siendo algo así como "meter gato por liebre" y que muchos relacionan con nuestra palabrita.
Debo señalar en este punto que difiero completamente con los encopetados artistas que en pretensión sostienen que el Kitsch no es más que contraarte, una desacralización de  los criterios con lo que una élite "culta" dicta lo que es bello y lo que no, amenazando con una dictadura de masas ignorantes al arte vanguardista, sosteniendo que “[…] como la vanguardia constituye la única cultura viva de que disponemos hoy, la supervivencia de la cultura en general está amenazada a corto plazo.” (Clement Greenberg). Tal opinión es cuando menos excluyente y clasista, cosa que no tiene cabida en sociedades modernas que se dicen liberales e igualitarias, pues el arte es de todos y para todos.
Para mí, todos esos chécheres y chirimbolos que adornan algunas de las calles de la ciudad de la eterna primavera, son arte, arte de masas, arte al alcance de todos y que en medio de su estridencia, extravagancia y pretenciosidad, son muestra de nuestra cultura, esa, la popular, la que nos dota de identidad. Cierro entonces con la reflexión del sociólogo francés Abraham Moles
“Es un concepto universal, familiar, importante, y corresponde sobre todo a una génesis estética, a un estilo de ausencia de estilo, a una función de confort sobreañadida a las funciones tradicionales, a un "nada está de más" del progreso.”