lunes, 29 de noviembre de 2010

Terroristas del Género

En lo últimos tiempos se ha hecho más manifiesto el carácter completamente artificial de aquello que entendemos por masculino y femenino. Con el pasar del tiempo, los roles se intercalan, se mezclan, se sobreponen, en fin, los límites entre el “macho” y la “ hembra” se hacen difusos, sin que ello sea visto con buenos ojos por una cultura tan anquilosada y retardataria como la nuestra.

Pero es un grupo de sujetos en especial, quienes han puesto en entredicho lo que beatos y conservadores suponían inamovible. Los transgéneros  o aquellos individuos que ostentan una identidad de género diferente a aquella que le ha sido asignada en base a factores biológicos, culturales, etc., se han convertido actualmente en un grupo subversivo y causante de las úlceras gastrointestinales y falta de sueño reparador de más de un cura y político godo, que quienes lo aterrorizan que el único travestido no sea el Papa.

Mas la transgresión cometida por parte de intersexuales, travestis y transexuales, al determinismo fundamentalista de nuestros arcaicos gobernantes, quienes se ensañan en imponer el rol genérico a la persona con base a lo que lleva entre las piernas, les ha valido ser tratados como terroristas, y por ende la exclusión, persecución y estigmatización del grueso de la población. Se le cataloga entonces de meretrices, viciosos o criminales, siempre desdignificándolos como individuos y omitiendo que sus situaciones son tan diversas como las de cualquier otro segmento social.

Y aún en tan desesperanzadora situación algunos de estos personajes logran vencer las circunstancias y destacarse socialmente, en planos tan variopintos como la política, las artes o la defensa de los derechos humanos. Pero esto no implica que nosotros, los “normales”, no estemos en una gran deuda con ellos, estando llamados a remendar aquellas circunstancias por las cuales los transgéneristas son víctimas de constantes ataques por parte de diferentes agentes estatales e ilegales, como también del desamparo y, la falta de oportunidades y garantías.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Entre Jardines y Fusiles. La obra de Ethel Gilmour

“I don't wish to paint violence, but it is here on my front door-step and so it creeps into my paintings”
-Ethel Gilmour-

Hasta el 28 de octubre estuvo expuesta en el MAMM (Museo de Arte Moderno de Medellín) la obra de Ethel Gilmour, artista oriunda de Cleveland, Ohio, pero afincada en Medellín, desde comienzos de los 70’s hasta el día de su muerte, ocurrida hace tan solo dos años. La exposición sirvió de pretexto para acercar a los concurrentes a la trayectoria y vida de esta americana, quien logra plasmar a través de sus pinturas la realidad de un país desmemoriado.
Su plástica echa mano del kitsch construyendo su obra desde elementos a todos nosotros familiares, extractos de la cultura popular, entre los que se cuentan figuras de vírgenes y ángeles, paisajes locales y uno que otro animalejo. Esto da un cierto aire de calidez e inocencia a sus pinturas, atenuando así con evocaciones de ternura, el trago amargo que supone confrontar la no tan bella historia de nuestra patria querida, que es narrada mediante cada pincelada.
Y no es fácil enfrentarse a un trabajo tan lleno de momentos trágicos de la memoria nacional, que los colombianos hemos intentado de forma vehemente borrar de los anales de nuestra historia, desventuras tales como el asesinato de Galán o escabechinas como la cometida en aquella olvidada iglesia de Bojayá. Aún más chocante resulta, que haya terminado siendo una foránea quien narre aquellas desdichas, pues además de deber sufrirlas en carne propia, las hubo de verse colar en su obra en forma de fusiles, perecidos y explosiones que quedan allí grabadas.
Más sorprendente aún resulta como mediante el juego de elementos dispares, haciendo gala de imágenes kitsch y un estilo que los conocedores tildan de naive, el retrato de los más oscuros tiempos de que ha padecido este país, surge como una crítica satírica y burlona de la cruel realidad, un provocativo llamado a la remembranza, o la tragicomedia de la vida nacional. De esto consta aquel bello tesoro que esta admirable mujer nos legó, la posibilidad de poder repensarnos como sociedad a través de una de las más hermosas manifestaciones del genio humano, el arte.


Fotografías por Maria Clara Jaramillo, estudiante de Comunicación Social Universidad EAFIT