En lo últimos tiempos se ha hecho más manifiesto el carácter completamente artificial de aquello que entendemos por masculino y femenino. Con el pasar del tiempo, los roles se intercalan, se mezclan, se sobreponen, en fin, los límites entre el “macho” y la “ hembra” se hacen difusos, sin que ello sea visto con buenos ojos por una cultura tan anquilosada y retardataria como la nuestra.
Pero es un grupo de sujetos en especial, quienes han puesto en entredicho lo que beatos y conservadores suponían inamovible. Los transgéneros o aquellos individuos que ostentan una identidad de género diferente a aquella que le ha sido asignada en base a factores biológicos, culturales, etc., se han convertido actualmente en un grupo subversivo y causante de las úlceras gastrointestinales y falta de sueño reparador de más de un cura y político godo, que quienes lo aterrorizan que el único travestido no sea el Papa.
Mas la transgresión cometida por parte de intersexuales, travestis y transexuales, al determinismo fundamentalista de nuestros arcaicos gobernantes, quienes se ensañan en imponer el rol genérico a la persona con base a lo que lleva entre las piernas, les ha valido ser tratados como terroristas, y por ende la exclusión, persecución y estigmatización del grueso de la población. Se le cataloga entonces de meretrices, viciosos o criminales, siempre desdignificándolos como individuos y omitiendo que sus situaciones son tan diversas como las de cualquier otro segmento social.
Y aún en tan desesperanzadora situación algunos de estos personajes logran vencer las circunstancias y destacarse socialmente, en planos tan variopintos como la política, las artes o la defensa de los derechos humanos. Pero esto no implica que nosotros, los “normales”, no estemos en una gran deuda con ellos, estando llamados a remendar aquellas circunstancias por las cuales los transgéneristas son víctimas de constantes ataques por parte de diferentes agentes estatales e ilegales, como también del desamparo y, la falta de oportunidades y garantías.
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